El otro día me topé con este vídeo y me pareció una forma divertida de animar a comprar los regalos de Navidad a pequeños artesanos.
Para mi es muy importante relocalizar la economía, es decir, ayudar a que pequeños productores puedan vivir de su trabajo, y si son cercanos mejor que mejor.

Y ya que en Navidad todo el mundo se vuelve loco con las compras, lo mejor es asumirlo, y al menos consumir de forma socialmente responsable. ¿Cómo? Pues, conociendo de dónde procede el producto. Que tenga una persona detrás con nombre y apellidos, con una historia que contar, una ilusión que desarrollar  y un objetivo en la vida que no sólo sea ganar dinero.

Y aquí entra  la enoooooorme comunidad de handmakers que está por ahí suelta y que cada vez es más visible. La gente que hace cosas con amor, con mimo y que están deseando que las descubras. Pequeños empresarios que se levantan cada día para hacer realidad sus sueños, desde lo pequeñito. Gente loca que en sus ratos libres hace de la creatividad su afición, que se inventan horas para poder tejer, coser, fotografiar, escribir, pintar, … y construir otra realidad.

Me hace feliz sentirme parte de esa comunidad a que le importa cómo se hacen las cosas, de dónde vienen los materiales que utilizan, que quieren aportar algo personal a sus creaciones, que recuperan habilidades casi perdidas, que no producen en serie como churros y para las que los pequeños detalles son la esencia de todo. Un montón de gente maravillosa que hace cosas bonitas por fuera, y bonitas por dentro.

Así que ya sabes, si aun no has escrito la carta a los Reyes, busca y rebusca. Hay un montón de gente estupenda esperándote.